jueves, 31 de agosto de 2023

Vida, obra, sexo y arte de Alberto Carlos Bustos, municipal y pájaro (quincuagésima séptima entrega)


 

Viernes, 05,35 horas

 

(NOTA DEL QUE NOTA QUE PUEDE PASAR ALGO,

SI NO SE TOMA NOTA DE ESTA NOTA):

Ojo con los materiales que se usen, al de arte, Pepe,

porque no son “cotorras” propiamente dichas,

sino seres humanos, bah… actores –

si los cubre el seguro que logremos

de los productores, y, si ellos, a su vez,

pueden rapiñar algún descuento en agua, luz y gas,

porque los están matando –y no es política contrera,

es más que un hecho- al ochocientos por ciento,

vale, podríamos hacerlo. De lo contrario: tiempo al tiempo.

Serán muy delgaditos, para entonces.

O simbólicas cotorras, “prrrrs” en off, o lo que se estila

cuando el artista quiere crear y no lo dejan

Ergo, o sea: o sea: casi siempre. Y dice Febo,

lavándose los dientes -que pueden ser postizos o de oro)

 

FEBO:

No escuche a las cotorras, que le estoy hablando yo: Dios-Febo. Me han nombrado hasta en el Himno,

más respeto. Cuando yo diga todo eso que le dije

que le voy a decir, cuando aparezca, y, usted, tenga que cumplir con este día, vida mía (escupe), si no duerme un rato, muere. Y muere nabo y olvidado.

Y cuando digo lo que digo, ahora, que me escucha “a poco de ser nabo”, dígole: “se muere para siempre”.

Ya lleva con el “jet… (no sabe decir “lagg”)

(ni yo escribirlo como corresponde)

“life” dichoso, siete días, vida mía (escupe)

(Dulce) ¿Qué le pasa con la cama?

¿No le gusta ser poeta sin lectora?, (Agrio)

¿Tiene chinches?, ¿Granos de arena?

¿Mal apresto?, ¿Anémonas? (irónico- cangrejo)

Le hago una remaque de su vida, vida mía (escupe),

¿Le muestro camas del cuerpito suyo? (amenazante)

Me está haciendo trabajar fuera de turno, ¿sabe?

(Tibio como puede ser el SOL)

Ahí pasa un negrito, por la playa. (Sigue)

¿Qué hará ese buen hombre, vida mía (escupe)

caminando, por Canteras a esta hora? (escupe)

 


Desde Madrid, quincuagésima séptima entrega. Texto y ficción (inéditos): Miguel Ángel Solá

Video, imágenes y edición (inéditos): Nicolás García Sáez

 Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

sábado, 26 de agosto de 2023

Bienvenidos a México

A pocos días de llegar al DF, me siento inmersa en un mar de abrazos y encuentros. Los sentidos visuales y gustativos explotan. Todo es inmenso, majestuoso, histórico, colorido. La catedral y sus campanadas, Frida y Diego, el Museo de Franz Meyer, del Estanquillo, la feria de hongos... asombra, y es solo el comienzo.

Hace un tiempo, me enteré en Buenos Aires que el fotógrafo Francisco Mata Rosas -en la imagen y a quien admiro- había publicado La Línea. Allí trata un tema que me impacta, que me interesa: la enorme frontera de 3180 km que divide México y EE.UU.  Los miles de personas que se acercan, sus vidas, sus historias sus ilusiones de migrar. Quiero ese libro, pensé.

A veces lo casual y lo causal se abrazan y las coordenadas se besan: justo inauguraba la Feria del Libro en la UACM. Pude asistir a la presentación de dos fotos libros de Francisco, La Línea y Existo porque resisto, conocerlo personalmente es un verdadero placer.

El recorrido por la feria continúa, Chile, mi país nativo, es invitado especial. Me detengo a escuchar poesía, padre e hijo, Hernán Lavín y Hernán Lavín Cerda, vinieron de Chile hace 50 años, nos cuentan, entre texto y texto, aquellos derroteros. Luego me tomo un café y pienso: cuantas historias de migrantes en estas breves palabras. Los miles en la frontera, los Lavín, mi hija, yo.

Espero que pare la lluvia. Estamos en verano, llueve todas las tardes.

 

Desde DF, México, texto y foto (inéditos): María Paz German

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

 

sábado, 12 de agosto de 2023

Un crespón y el viento / Nicolás García Sáez / Nouvelle / Novedad / Adelanto editorial

Nicolás García Sáez

Una historia de amor casi real:  así se presenta ¨Un crespón y el viento¨, nouvelle serena y contundente a la vez. Hay un hilo (o tronco) argumental que va guiando al interlocutor hacia ecos y posibilidades, en el medio, el tiempo que reúne a cada una de las circunstancias. Nicolás García Sáez, autor multifacético, sabe algo de sierras y cielos y ríos, de vientos y crespones, nos participa también del descubrimiento, que incluye a su jardín secreto.

Así, nos encontramos al amor, el desamor, el hundimiento de un submarino, susurros entre los álamos, duendes naranjas y astronautas embarrados. Pero hay otro protagonista, que es la plácida atmósfera, el tono sencillo, la prosa austera con pizcas de pimienta que transforman a esta obra en una pieza original, sui generis, bocado al intelecto que puede satisfacer al lector y a la lectora durante un día entero. Decimo libro que publica el autor. Muy recomendable

EA Ediciones / Colección pequeña ola

 

martes, 8 de agosto de 2023

Fragmentos de pasillo

Como a una hija más

  ¿Hace mucho tiempo que esperas para entrar? ¿eres de aquí?

Al que entra aquí no le queda otra que esperar, el que se va pierde el lugar, por eso casi todos esperan, algunos toda la noche. Yo sigo esperando, aunque sea para verlo un ratito. Mi marido es el que está adentro, hace una semana que está prácticamente dormido, no pierdo la esperanza porque aquí los médicos son muy dedicados, y las enfermeras también, son buenas.

Nací en Los Molles, un lugar de la provincia de Córdoba. Ocho hermanos y mi madre, ella quedó viuda muy joven y a cargo sola de sus hijos.

Los Molles es un lugar muy pintoresco con la vista de las sierras y los arroyos que bajan de las montañas. En verano visitaban el lugar familias que venían en su mayoría de Buenos Aires, familias alemanas. Hablaban como nosotros, pero entre ellos en el otro idioma y yo ardía en curiosidad por adivinar que decían, era difícil. Los hijos de estas familias, muy rubios y de ojos claros corrían y trepaban por todos lados, más de una vez reclamaban la atención de sus padres con raspones que sangraban en sus rodillas, se escuchaban sus llantos, no duraban mucho, seguían jugando.

 En verano mi madre era contratada por una de estas familias para limpiar y cocinar, ella aprovechaba para trabajar de día, de noche lo hacía en una casa de comidas. La temporada le permitía juntar más dinero para mantenernos y comprar los útiles para la escuela. Nunca me gustó ir a la escuela, ya en quinto grado dejé de ir, para que, si ya aprendí a leer y escribir, suficiente, me encapriché y no fui más. Claro, era lo que pensaba a esa edad. No me gustaba tener que estudiar.

 Siempre le pedía a mi madre que me llevara a trabajar con ella a la casa de los alemanes, ella asentía, pero antes me hacía prometerle que me quedaría sentadita y sin hacer ruido mientras ella limpiaba. Las niñas me invitaban a jugar en el arroyo, su madre estaba de acuerdo y le decía a la mía que me dejara, que yo las cuidaría, ya que era más grande y conocía de memoria el lugar. Me sentía importante y divertía al mismo tiempo.

Un día, al finalizar las vacaciones de verano, tocaron la puerta de mi casa, tras la cortina que separa la pieza de la cocina, escuche a la señora alemana ofrecerle a mi madre llevarme con ella a Buenos Aires para cuidar de sus hijas. El pago anual lo recibiría mi madre puntualmente y por anticipado. En ese entonces yo tenía trece años. Conocer Buenos Aires se convertiría en un sueño cumplido. Salté de la cama y cuando me di cuenta estaba tomando la mano de mi madre rogándole que me dejara ir.

Recuerdo el viaje y la llegada a la ciudad, lo primero que hicimos fue ir a una tienda de ropas, donde la señora alemana me compró vestidos y zapatos que nunca imaginé tener. Ella era muy buena y me trataba como a una hija más. No era del todo consiente que era   un trabajo, estar allí me gustaba y sabía que significaba tranquilidad económica para mi madre y hermanos, después de todo yo era la más grande.

Fueron pasando los años, seis, siete, no recuerdo bien, las niñas habían crecido, y yo también. Estaba acostumbrada, Buenos Aires en invierno y Los Molles en verano. Siempre con los alemanes. Mi madre, más tranquila con su salario anual por adelantado, cuando llegaba en coincidencia con la navidad nos reuníamos todos los hermanos y mi madre compraba pan dulce y sidra para brindar. Ella se ponía muy contenta cuando estábamos todos juntos, a veces discutíamos porque cada uno quería algo diferente, mis hermanos más chicos querían trabajar y dejar la escuela, mi madre les decía que para triunfar y dejar el pueblo debían terminar la escuela. Conmigo no funcionó.

 Y el día llegó, el último verano con la familia alemana. Se festejaban las fiestas patronales, procesión, quermeses y baile en la plaza del pueblo. La más grande de las niñas alemanas me pedía que la cubriera en su primer amorío con el popular del pueblo, agrandado de quince años era el muchacho. El mismo trepaba los árboles mostrando sus monerías en las siestas del arroyo. Ingrid, así se llamaba la niña alemana, quedaba embobada mirándolo.

Ni procesión ni quermeses, ella quería ir al baile. Y allí estaba yo intercediendo y garantizando ante los padres el cuidado y control de la adolescente enamorada. ¿Era yo también una adolescente que podía enamorarme? Esa noche descubrí que sí.

Sentada en un banco de la plaza y sin perder de vista a Ingrid entre tanta gente que bailaba, sentí su mirada, su invitación a bailar y la sensación que ya nada me separaría de él. Hasta hoy…

 Cincuenta años que estamos juntos, atendiendo la ferretería, en Córdoba capital, él nació allí y yo lo seguí. Tenemos tres hijos, esos que están allí sentados esperando, las chicas y el varón, también tengo dos nietas, una en Ushuaia y la otra en Italia, ellas si estudiaron y están pendientes con el teléfono para saber del abuelo. Todos pendientes y por culpa que siempre ha fumado tanto. Esa es la causa. Hay que esperar.   

Esa puerta que no me permiten atravesar para verlo, no puedo acostumbrarme todavía, y eso que estoy aquí sentada ya hace tantos días esperando. Por suerte, estoy sentada… Como en el banco de la plaza, esperando su mirada… como verás soy muy romántica, y aún en estas circunstancias sigo soñando.

Nadie me informa nada, recién lo confundí con otro paciente que traían, me acerqué y casi beso su cabeza, no era su mirada, me dijo: ¡yo no soy! Me causó risa.  Equivocarme a esta altura. Parecía su pelo canoso.

Otra vez aquí, sigo esperando, aunque el médico ya nos dijo… ¿Dejar el cigarrillo? El médico dice que sí, lo ha dejado, y claro le digo: ¡porque está y seguirá internado! ¿Por cuánto tiempo? ¿Pensaran los médicos que no comprendemos cuando nos hablan? En fin…

Seguí hablando de mí y no terminé de contarte de la familia alemana. Nunca más supe de ella. Para Ingrid el amorío con el muchacho popular quedo allí, trunco, como secreto de la montaña, lloraba desconsolada cuando se fue, claro no fue tan secreto, imagínate en un pueblo, se sabe todo. Los padres se enteraron y la mandaron a Europa. No volvieron a los Molles y yo no volví más a Buenos Aires, tengo el mejor recuerdo de la familia alemana, me trataban como a una hija más, ¿recuerdas que te lo había dicho antes?

                                                                                                           

 Texto e imagen (inéditas): Silvia Chaher  

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

 

domingo, 6 de agosto de 2023

Tiempos felices / Adonde van las fotos que nadie quiere mirar (segunda parte)

Siempre me interesaron las fotos antiguas, arquitectónicas, históricas y de archivo familiar. En este caso, tengo muy pocas fotos familiares de la infancia, de hecho tengo una sola con mi familia, donde estamos los cuatro.

Mi padre nunca me sacó una foto, no va cómo reclamo, ya que fue el que más me regaloneó, me contaba cuentos de noche y en las cálidas noches de campo jugábamos al dominó y mirábamos las estrellas. Las pocas que tengo, imagino porque no lo sé, las sacaba mi tío Pedro.

Curiosamente, con el devenir del tiempo he perdido muchas, miles de fotos, porque han quedado en otra casa como botín de guerra, por culpa de la tecnología (¡oh endemoniados discos rígidos!), sistemas operativos que se estropean sin razón.

Me pregunto siempre cuantas imágenes se perderán a pesar de los 3.000 millones de fotos que se comparten diariamente hoy en las redes sociales. Perdimos la costumbre de imprimir, Nos confiamos ingenuamente en una nube.

Hay que ponerse a pensar como protegemos nuestro acervo de imágenes para que nuestros sucesores nos recuerden.

Hace un tiempo encontré en la calle una caja con diapositivas , actividad que hago con frecuencia tratando de recuperar imágenes que ya a nadie le importan.  Al llegar a casa me puse a mirarlas, para mi sorpresa tenían mucha similitud con mi vida.

Recordé cuantas pérdidas y omisiones había tenido y armé una historia  autobiográfica, me armé un pequeño álbum familiar, un  álbum inventado con recuerdos certeros e imágenes nunca sacadas.

¿Dónde irán nuestras fotos, dónde las que ya nadie quiere mirar?

 


Texto y video (inéditos): María Paz German

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos


https://losverdessonlosverdes.blogspot.com/2022/11/las-fotos-que-nadie-quiere-mirar.html

Primera parte


 

jueves, 27 de julio de 2023

Los 80s / Remix

Retrofuturismo

Quienes transitamos la infancia entre los ´70 y los primeros años ’80, podíamos fantasear en grande, proyectar otros mundos con juguetes hechos con materiales baratos o tecnologías que hoy se considerarían precarias. Algunos de los más clásicos de la época, como los Waterful o los Pocketeers, ofrecidos hoy en la red como juguetes vintage o retro, requerían de ciertas destrezas motoras como los juegos de kermés, embocar, pescar, esquivar. Bien podrían integrar la prehistoria de los videojuegos actuales. Pero había otros juguetes que se asociaban, sobre todo, a cierta imaginación cientificista de la década, que alentaba ficciones sobre micro o macromundos posibles, estimulada en buena parte por el cine.

Los Sea Monkeys, unas pequeñas criaturas que salían a la vida cuando el polvito que las contenía, en potencia, entraba en contacto con el agua. Un poco de polvo en sobre, unos litros de agua y, abracadabra, se producía la magia. “Mascotas al instante”, anunciaba el packaging de la sustancia milagrosa, en un kit dudoso que se completaba con un purificador de agua, huevos, plasma y alimento para asegurar su crecimiento.  Por supuesto, los seres que surgían del experimento, cuando se tenía la suerte de que saliera algo, estaban lejos de parecerse a monos de mar. Los bichos resultantes se movían como espermatozoides y eran especímenes de la Artemia salina, unos crustáceos diminutos, translúcidos, con forma semejante al ciempiés, pero con cola larga, que hacen de manjar de los peces y habitan en las aguas saladas de todo el mundo. Con el diario del lunes, la prensa se refirió al fenómeno Sea Monkey como una estafa escandalosa del consumo, pero, para las niñas y niños de la época, indiferentes a las motivaciones del marketing, fue la ocasión de volvernos un poco científicos, dioses o alquimistas, creadores de vida y de nuestras propias mascotas. Esa alquimia nos dio también la posibilidad de idear un mundo microscópico, una ficción de seres extraños, de poder ver más allá de lo que veían nuestros ojos, antes de la utopía virtual del metaverso.

Además del mundo acuático, la proyección sobre el cielo, la galaxia, el espacio exterior, también encendía nuestra imaginación alucinada. Y aquí aparece el Simon, ese disco 3D, que emulaba un plato volador, con cuatro botones luminosos, de color rojo, verde, azul y amarillo, y distintos sonidos que emanaban de cada uno de ellos. Se presentaba como un juguete didáctico, para grandes y chicos, que estimulaba la memoria visual y sonora, por medio de secuencias nemotécnicas de luces coloreadas y sonidos. Aunque dudo si la atracción del Simon radicaba exclusivamente en esa función productiva. Lo que más fascinaba del aparato, por lo menos a mí, era su ineludible conexión con el fenómeno OVNI, otro prodigio de la época, y con el reconocimiento, cada vez más popular en ese entonces, de la vida extraterrestre. En 1977, un año antes de que el Simon saliera a la luz, se había estrenado Encuentros cercanos del tercer tipo, de Steven Spielberg, que fue furor entonces, y que Ray Bradbury llegó a calificar como la mejor película de ciencia ficción que haya visto. Entre las imágenes cinematográficas que atesoro de esos años, sin duda está la escena más dramática de la historia, la del célebre encuentro de los humanos con los alienígenas, cuando consiguen comunicarse por medio de una sinfonía de luces y sonidos.  Re-mi-do-do-sol, las notas de ese crescendo musical que aún logra emocionarme hasta el escalofrío.  La notación musical convertida en alfabeto. No puedo dejar de ver la analogía entre esa nave, las luces sonoras y el Simon, y revivir las sensaciones que nos provocaba esa imaginación futurista.

 

Texto (inédito): Florencia Suárez Guerrini*

Historiadora de Arte, investigadora y docente de la Universidad Nacional de La Plata y de la Universidad Nacional de las Artes

Foto: Nicolás García Sáez

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

 


miércoles, 5 de julio de 2023

sábado, 17 de junio de 2023

El vacío


Regresé a la vivienda de Nora. La extraño. Papá vendió el resto de los muebles. La casa está desocupada, se siente muerta y ha alcanzado una sonoridad peculiar, cada paso que doy me grita su ausencia. La única lámpara que queda en pie emana una luz mortecina, por lo que prefiero abrir el ventanal; afuera el paisaje de otoño muestra los primeros árboles desnudos. Me siento frente a las cajas que aún guardan los chirimbolos y adornos diversos que le regalaron a la abuela, pienso en la cantidad de objetos que atesoramos, a los que a veces nos aferramos y nos sobreviven, ahí están, como queriendo contarnos alguna anécdota, o tal vez quieran decirnos que nada de esto tiene sentido, perdemos horas trabajando para comprar cosas mientras dejamos que el tiempo se escurra y la vida se desvanezca. Paso mis manos por la superficie de esos cartones polvorientos. Me invaden las ganas de llorar, pero me contengo. Paseo entre las paredes que alguna vez abrigaron a Nora, siento que su energía aún se conserva, que me abraza desde lo infinito, desde lo eterno. Me tumbo boca arriba en el suelo, extiendo los brazos en cruz, cierro los ojos y me entrego al silencio. Imagino su cuerpo, su particular rostro curtido por el tiempo y la dulce mirada; lo que fue, y ahora… todo eso… tragado por la tierra.

Dicen que uno decide el momento en el que llega a este mundo. Me pregunto por qué habré elegido este tiempo tan extraño, cuál es mi propósito y si es que realmente tengo alguno. Un gran vacío me invade. Llevo en la mochila, a todas partes, el cuaderno de la abuela, su bitácora. En las últimas páginas ella escribió una gran cantidad de frases, versículos y extractos de diferentes filósofos y avatares de la humanidad. Nora leía cuanto texto llegara a sus manos y de ahí rescataba lo bueno. La abuela parece comunicarse conmigo a través de sus apuntes. Abro el libro al azar y encuentro la respuesta a mi pregunta: “Cada cosa tiene su estación y cada propósito su tiempo bajo el cielo”.

 

Texto (inédito): Laura Chiavetta

Imagen (inédita): Nicolás García Sáez

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos


miércoles, 7 de junio de 2023

Desde Junín


 Una se esfuerza en el ahora / y presiente el abismo / cuando sobran las sillas / y faltan personas.

 De los primitivos habitantes / vecinos, quedan pocos. / Y una se esfuerza, en el ahora.

Cuando convoca el café de la tarde, / asoman los recuerdos / de sus caras, gestos / que parecían eternos.

Rostros ajenos, pasean la vereda / nuevos jóvenes de este tiempo, / sin ayer ni futuro.

Los credos que no se cuestionan / se dan de bruces / con la puerta de vidrio, / que parecía estar abierta / y no era.

                                      

Poema e imagen (inéditos): Silvia Agosti*

*Artista plástica

Especial para Los Verdes Paralelos y Los Verdes Platónicos

lunes, 5 de junio de 2023

Vida, obra, sexo y arte de Alberto Carlos Bustos, municipal y pájaro (quincuagésima sexta entrega)


 

 5. Viernes 05,00 horas

Dice (SOL), en Bi-dermol y entonación bíblica:

 

“La balada de Plumas de Cotorra”

(Yoko y John lo hicieron antes) (Valsecito peruano o como pueda. Desafinado o afinado, da lo mismo)

 

Deje de joder, duerma mi niño,

que esto es una cama, y sepa,

que cuando el brillo de mis rayos

atraviesen el cristal de su ventana,

voy a indicarle: “¡Arriba!” -usted se para-,

“¡Ducha!” -usted se lava bien prolijamente,

eso que le cuelga y se sostiene, como puede

por milagro divino y otras manos.

“¡Ropa!” - se me viste como para ir al Polo

-al de Las Cañitas, no al Antártico-, que,

si me apura, le avecino treinta grados.

“¡Desayuno!” -magro, sin hidratos ni cianuro.

Y: “¡al laburo!”, como dice cualquier tano de su barrio.

“¡Y a bien hacerlo!, que después,

murmuran las cotorras , las vecinas y el alcalde”:

(TRAS EL APLAUSO, ARRANCADO POR EL ARRANCA APLAUSOS

TRES COTORRAS VERDES DE MUY MALA LECHE Y UVA CHINCHE,

SE APRETUJAN EN LA RAMA DE UN FRONDOSO ÁRBOL,

 -O LO QUE EL PRESUPUESTO NOS PERMITA Y QUIERA

LAS COTORRAS, RETOMO, COTORREAN…

UNA, LA PRIMERA TOMA LA PALABRRRA, DICE:)

“Éste es un cansado. Si tuviera que mover las alas como nos, se habría hecho papilla contra un piano”.

“Piano, piano”, repiten las comadres cotorristas

¿Qué le dice Paco, Pepa amiga, de la crisis, de la grieta, de los jubilados, de la camisa esa tan blanca que estoy viendo?...

“Viendo, viendo”, solícitas apoyan sus dos repetidoras.

“¿Y si le hago una caquita que le aporte, como poco, un toque a moda Prada?

“Haga, haga…”, versiculan las dos mismas.

“Voy, hago, vuelvo y me recuerdan

todo lo que estábamos hablando”,

para estar en consonancia y buena onda, ¿sí?.”

 

(Y VUELA. Y EN EL ÁRBOL QUEDAN DOS.

QUE SE MIRAN Y SE MIRAN. SIN TEXTO POR AHORA.

DESPUÉS VEMOS, CUÁL ES LA EXISTENCIALIDAD

DE LAS COTORRAS, SU VALOR SIMBÓLICO, SU PESO.

 

 

Desde Madrid, quincuagésima sexta entrega. Texto y ficción (inéditos): Miguel Ángel Solá

Video, imágenes y edición (inéditos): Nicolás García Sáez

 Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

miércoles, 31 de mayo de 2023

Hay ciertas vocales

Hay ciertas vocales / que se abren insomnes / a la sombra de la luna. / Roces de signos erizados / sobre el teclado oscuro / que alumbran y desfallecen luego / en la solitaria cueva / del yo, / cueva o cuervo: / nunca más, nevermore / (estribillo mentiroso que te canta las verdades.  / No todas).

Sin embargo, las vocales estremecidas, / pliegues de un olvido, / vuelven a abrirse / en los pezones impuros del ritual, / otra vez,  / otras veces. / Desmesura que enceguece el lenguaje  / y se desflora latiendo / en los pulsos de la madrugada. /  Vocales inaudibles / clavadas en la angustia del reloj, / soñadoras de éxtasis, / ingenuas de ansias sin domesticar. / Vocales fieras que se lanzan / en las garras abiertas / de la noche./ Un hombre quiere pronunciarlas / (hombre o tigre del deseo).

Hay ciertas vocales / que se abren insomnes / a la sombra de la luna.

El tigre acecha.  / Yo espero en el día / para volver a nacerlas.

 

Desde Uruguay, poema (inédito): Sandra Escames

Foto (inédita): María Paz German

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

 

domingo, 28 de mayo de 2023

Nadie busca lo que no conoce

Dicen que el alma se escapa durante el sueño. Ayer soñé.

Mi ser físico reposaba en la cama, lo contemplé con amor y alcé el vuelo. Afuera, en el bosque, la oscuridad crecía y la vida dormitaba invisible. / Levanté la mirada, sobre mi cabeza incorpórea danzaban los astros, huérfanos perdidos en la negra inmensidad, siempre ahí, como centinelas de exploradores, náufragos y trotamundos.

 El viento inclemente movía las ramas y desencadenaba un cuchicheo musical. Murciélagos y búhos se hundían en el impenetrable cielo nocturno. A lo lejos, la ciudad emanaba una claridad inquietante, tan falsa como ilusoria.  Reposaban los pájaros en pajareras y los humanos en humaneras, sí, ya sé, no existe esa palabra en el diccionario de la Real Academia Española, pero no me importa; su definición sería: el lugar donde descansan, entre paredes, los Homo sapiens. Esa imagen me producía cierto desasosiego. Necesitaba comprender, hallar las respuestas a las preguntas insondables. En ese estado podía verlo todo, aunque permanecí agazapada entre los abedules, contemplando el fluir de la existencia. Mi escondite quedó al descubierto cuando fui rodeada por una nube de luciérnagas, entonces decidí continuar por otros derroteros. 

Cada ensueño me proporciona una ducha de libertad, ahí donde las épocas y el espacio se derrumban. Una brisa aliciente me ayuda a regresar al confinamiento de la materia, de lo apócrifo, a un mundo con polaridades tan marcadas que, a veces, se torna denso y pesado. Intento descubrir un misterio que me es inescrutable, puesto que, en definitiva, soy parte del mismo. Cada noche me aventuro hacia la búsqueda del amor incondicional, como es sabido, nadie busca lo que no conoce.

Mientras oía gruñir las campanas del tiempo los latidos del reloj me despertaron.

 


Texto (inédito): Laura Chiavetta

Imagen (inédita): María Paz German

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

 

domingo, 21 de mayo de 2023

Cultura Api

Cuando uno cree que no sabe nada, tal vez no sea tan así, está entendiendo algo que viene del futuro.

Hace mucho tiempo, luego de terminar la secundaria y antes de empezar la carrera universitaria, tuve la posibilidad de sumergirme, durante todo un año, en el fascinante mundo de las abejas y obtener así mi tecnicatura de apicultora. Jamás ejercí ninguna tarea en dicho rubro, pero si me quedé impregnada por un profundo amor y respeto hacia estos pequeños seres que siempre admiro y observo. 

El intercambio que el sistema productivo ejerce para con ellas, aún no me convence del todo: pureza absoluta desde su parte, suplantada por productos artificiales y químicos desde la nuestra.

Jamás imaginé que, con el transcurrir del tiempo (y muy merecidamente) ellas se convertirían en los seres más importantes del planeta, para permitir la supervivencia de nuestra especie.  La clasificación en reina, zánganos y obreras está fuera de los paradigmas de la realidad actual. Se comprende que esta terminología proviene desde otro marco temporal y dentro de estructuras que, si bien no faltas de investigación y precisión, tenían el foco puesto en procesos socio económicos sostenidos por modelos de esos otros momentos.

De las pocas cosas que me producen verdadera envidia, la que más destaco es la de observar a las abejas volando, para luego entrar en contacto sutil con alguna flor, la parte más efímera, pura y elevada del reino vegetal. Además, ven los colores de una manera inaudita, se saben guiar por el sol, se alimentan de néctar clarificado y poli-motivan todo a su alrededor.

Cada colmena lleva la vida como si fuera un único ser autoconsciente. Habita recíprocamente con el ambiente que la rodea y la suma de todas sus pequeñas acciones hacen que su aporte sea invaluable. Su estructura de funcionamiento enlaza, por un lado, roles muy específicos que se deben cumplir con ciertos dones que cada individuo va desarrollando en su propia anatomía. Por el otro, en etapas y según requerimientos, todo esto sucede conjuntamente y de modo equilibrado, como si hubiera un sistema de organigrama muy preciso e invisible que ellas van incorporando al respirar, momento a momento, siempre actualizado.

Al nacer, al salir de las celdas, puede vislumbrarse, en una abeja bebé, el tamaño corporal que tendrán el resto de sus vidas. Saben lo que deben hacer mientras se desarrollan sus alas. Las tareas van oscilando entre quehaceres de orden y limpieza; pasando por el cuidado, aseo y alimentación de las larvas. También tendrán que pasar una temporada siendo guardianas y defensoras en los accesos, impidiendo el ingreso de cualquier ser extraño. En verano, ya con las alas desarrolladas, ventilarán la colmena, haciendo circular aire puro y fresco por todos los corredores. En invierno, en cambio, se agruparán todas juntas e intercalarán posiciones, en una especie de espera, para mantener la temperatura ideal y lograr atravesar este período hasta la llegada del clima más venidero y gentil. Algunas conformaran el séquito de la reina, haciendo que nunca le falte nada. Durante un breve período, se les activarán ciertas glándulas que secretaran la cera, que luego será utilizada para la construcción de sus paneles con celdas hexagonales, donde algunas albergaran a sus futuras crías y otras serán destinadas para la inmensa reserva de alimento. También generarán, durante un corto lapso, la preciada jalea real, ese súper alimento que, según las cantidades proveídas en sus estadios larvarios, dará como resultado una abeja o una reina.  El propóleo, ese ungüento poderoso, siendo una mezcla de resinas varias, se utiliza para sellar grietas y orificios en donde la colmena lo requiera. 

La reina es una madre, en cierto sentido mamífero, ella jamás cuidará ni alimentará a sus crías. La diferencia en su tamaño, respecto de las demás abejas, radica en que tiene los órganos reproductores plenamente desarrollados, eso, como se ha dicho, gracias al aporte de jalea que le suministraron cuando aún era una larva igual a las demás. Una vez lista, ella hará un único vuelo nupcial fuera de la colmena, seguida de todos los machos que hubiera en ese momento. Saldrá volando virgen y volverá plena, llevando dentro de si toda la carga genética de su especie, para cumplir su valiosa misión. Jamás volverá a ver al sol brillante, solo será a través de la claridad que permean las membranas de la colmena, donde ella sabrá que cada día es un nuevo día. En silencio, con humildad, procederá a realizar su tarea, aparentemente sencilla y pequeña, pero realmente exponencial y grandiosa. Y es así como cada ser sostiene la magia para la cual fue creado.

Es el tamaño de las celdas de cría el que engendrará a una abeja o a un zángano. Los diámetros pequeños presionaran el abdomen de la reina y harán que un óvulo y un paquete de esperma se depositen en ese pequeño y cálido espacio, dando lugar al comienzo de la vida de una abeja. En cambio, las celdas de mayor diámetro, que son las menores, no presionarán su abdomen, de este modo bajará solo un óvulo, que permitirá el desarrollo de un macho.

Los zánganos, en sí mismos, no desarrollan ninguna tarea, ni dentro ni fuera de la colmena, más que la de, en caso de ser necesario, y eso suele suceder luego de periodos prolongados, fecundar a la nueva reina. Son como kamikazes del amor, su finalidad es su propio fin. Los que logren esta tarea serán los más veloces, fuertes, astutos. Pero morirán luego de este acto. Y los demás también, ya que no se les permitirá volver a ingresar en la comodidad y seguridad de la colmena.

Mientras todo se va sucediendo, llega el gran día en que cada abeja estará lista para salir al exterior de la colmena.  Abandonar, por primera vez, el único lugar conocido para salir a explorar la maravilla del mundo. Al guiarse por el sol, también utilizan matemáticas “básicas” y se comunican mediante una especie de danza para ubicar los lugares de cosecha. Algunas no volverán, otras pocas se convertirán en incansables exploradoras y la mayoría estará por encima de todas las cosas y se conectarán magistralmente entre ellas.

Las flores desplegarán su belleza, aroma y sabores para albergar a sus aliadas. Las abejas, disfrutarán, cada vez, de ese momento ultra sensorial único, tomarán la materia del alimento que es brindado para ellas y, a cambio, trasladarán el polen-oro como promesa de ese acuerdo de abundancia, biodiversidad y futuro.


Texto (inédito): Carolina Heinrich

Video abeja bebé (inédito): Nicolás García Sáez

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

 

jueves, 11 de mayo de 2023

Feria del Libro de Buenos Aires / La salud del lado B

 

Ingreso al espacio que La Rural siempre reserva para este grandísimo evento. Observo en dirección al parque, en donde se encuentran los paneles de energía solar. Luego el cielo.  Quiero averiguar algo que, con destellos de más o menos intensidad, me viene intranquilizando un poco durante estos últimos días: ¿ cuál es el estado de salud del libro? Más allá de cifras nacionales y globales, de datos certeros o inventados, hay algo, como la huella de uno o el adn, que se puede captar en medio del aleteo de los sentidos y en un par de recorridos puntuales, aquí y en las calles. Allí suele surgir una epifanía que no falla a la hora de dictaminar su primera impresión, que en estos casos siempre es la que vale.

¿El objeto/libro es un portal que nos abre las posibilidades a un Universo de sueños y viajes a lo inesperado o es mera y fría mercancía? Estreno esta libretita de musas y anotaciones sentado en uno de esos bancos kilométricos de madera que datan de mediados avanzados del mil ochocientos. Simil Moleskine, color naranja funky, anoto aquí mismo lo siguiente: ¨averiguar la marca del impregnante a prueba de balas con el que han sido untadas estas piezas de museo, de asombrosa utilidad hoy en día¨ . Algunos conversan, otros observan la arena barrida por donde ha circulado -cuando aún estaba con vida-buena parte de la fauna argentina.

Atraído por la escasez de público que hay en ese espacio, me detengo en la esquina de un stand para escuchar algo sobre el ardid de mis colegas a la hora de embellecer los recuerdos. Es curioso evocar un pasado remoto junto a la ópera prima de un escritor, que se presenta entre el azar y la repetición de uno de los recorridos. El autor comienza a hablar con tensión sobre un novelista francés que desconozco… y entonces continúo con mi camino. Un dibujante está siendo entrevistado por un periodista o alguien que parece interesado en su obra. Somos alrededor de diez personas escuchándolos. El hombre habla con un tono que va boyando entre lo triste y lo épico, le pone garra, menciona algo sobre las bolsas de papel y el mainstream. Los dos protagonistas permanecen bastante quietos, un tanto rígidos. Sigo, rumiando acerca de esa tendencia que tenemos todos a ser y enarbolar la bandera ¨anti sistema¨, protestando desde plataformas que son El Sistema. ¿Black Mirror? Bien, gracias. A dos minutos de allí hay un stand en donde un estudiante de ingeniería habla sobre la inteligencia artificial. Levanto la mano para hacer una pregunta, tengo muchas dudas. El estudiante me ignora. ¿Parezco demasiado humano? Por suerte después me encuentro a ese duende que sonríe y te enchufa sus poemarios artesanales, un eufemismo para decir fotocopias recortadas en cuatro y cosidas a mano. A metros del arenal centenario, él te persigue y te convence con sus modales del romanticismo, promociona su producto infinitamente mejor que cualquier multimedios clonado con sombras de tiburón.

Luego, claro, más o menos lo mismo de siempre: libros y libros y toneladas de libros. Salas azules, rojas, verdes, amarillas. Conferencias. Firmódromos.  Presentaciones. Nombres y apellidos de autores y autoras para hacer una mermelada descomunal. Veo un par de títulos de mi autoría, uno de ellos, de cara al público… ¿ aún continúa como la ¨primera edición¨? Entiendo perfectamente que esa tanda inicial se agotó hace años. Los editores también sufren la crisis, no hay un mango, pero cuando el fruto ofrecido durante lustros es uno de tus hijos… en fin. Camino. Me detengo. Me llevo uno  interesante, prolijo, bien editado sobre la vida y obra de Paul McCartney, su precio es inferior al de un café con leche. Anoto en mi libretita: ¨quién no lee es porque no quiere¨. Hay momentos en los que cuesta caminar entre los pasillos de la feria, abarrotados de muchedumbres. Hay jeroglíficos indescifrables. Hay clásicos apetecibles. Hay posmodernos best sellers muy legibles o infumables. Hay cómics y literatura infantil y más libros que los puede leer un ciego. Filmo un poquito. Aún hay mucho que aprender sobre la Feria de Frankfurt y la de Guadalajara. Así las cosas, siempre hay algo para captar, algo que recibir. Considerada la tercera más importante del mundo, la Feria de Buenos Aires suele ser muy generosa, la gente siempre responde muy bien, no hay que olvidar que estamos en la ciudad con más librerías por habitante que hay en el planeta. Pero desmenuzar este ítem tal vez sea como rescatar un síntoma en lo más glamoroso de Palermo, cuando el estado general de las cosas abarca un territorio muchísimo más amplio. Intento debatir conmigo, gana mi optimismo y llego a la misma conclusión: ¨aquel que no lee un libro, es porque no quiere, no porque no puede¨. Exceptuando a muy pocos, ahora ampliado, vuelvo a anotarlo en mi libretita naranja. Vengan de a uno.


 Texto y video (inéditos): Nicolás García Sáez

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos


domingo, 7 de mayo de 2023

Vida, obra, sexo y arte de Alberto Carlos Bustos, municipal y pájaro (quincuagésima quinta entrega)


FEBO

¿Para qué dar luz a semejante idiota,

que se sube a las paredes,

por un hueco entre unas piernas níveas

-estando Nerja entera y sus cavernas,

a unas horas de avión, o bien, Altamira,

a su disposición y no a la mía,

porque más allá de la entrada

estoy prohibido en ambas

desde el plioceno hasta estos días

Humillación… ¡oh, cómo me humillas!

Un mero Ayuntamiento, una Alcaldía,

impiden a este Dios-Astro una visita

a la oscura caverna mítica,

en la que el hombre y la mujer

ejercieron fornicio por primera vez

con la excusa de ¡llegó la primavera!...

¿Qué tiene la caverna que no tenga yo?

Oscuridad, tal vez, y yo lo alumbro todo.

(Mira al poca cosa -Bustos-, y mastica)

¿Por qué no se decide este ancianito,

se casca el pedernal por un ratito,

y, ya sedada su manía reprimida,

aparezco yo, a mi hora, y lo despierto con mi brillo.  

 

¡No me puedo dormir, esto no es cama!

Y dice Bustos: -y es lo único que dice en este acto,

gracias al cielo, a la eternidad y al hecho, que es real)

¡Sin ella y sin conmigo, no habrá cama que lo sea y basta!

 

Desde Madrid, quincuagésima quinta entrega. Texto y ficción (inéditos): Miguel Ángel Solá

Video, imágenes y edición (inéditos): Nicolás García Sáez

 Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos

 

domingo, 30 de abril de 2023

BAFICI / Dos y pico

Nicolás García Sáez BAFICI

                                              
NICOLÁS GARCÍA SÁEZ BAFICI


Creado en 1999, el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires no para de crecer, consolidándose entre los más fuertes y prestigiosos del mundo. No voy a hablar aquí de los galardonados muy recientemente, con preferencia por los documentales (pueden consultarlos en infinidad de lugares), si lo haré sobre los dos largometrajes y el corto a los que me invitaron y a los cuales quiero retribuir gratamente con este texto.

Uno puede asomarse y pispear el abismo entre las escaleras mecánicas, momento idóneo para tantear nuestro nivel de vértigo, allí, varios pisos hacia abajo, en el cine anexado del Centro Cultural San Martín, hijo ultra moderno de la emblemática Sala Lugones.  Mediante la sección competitiva ¨Rescates¨ accedo a la sala número dos para ver una ópera prima chilena de título austero: ¨Educación Física¨, dirigida y protagonizada por el talentoso Pablo Cerdá, que aquí nace y se va haciendo como un profesor de colegio costero, en San Antonio, un tipo más bien tranquilo y de luces tenues, con el agua que le llega al tanque en cámara lenta, digamos, un fortachón con alma de niño que a menudo anda ataviado con joggings multicolores, hombre sin mucho que decir ni hacer más que dar sus clases de gimnasia, acompañar la cotidianidad de su padre, comer hamburguesas completas, beber hectolitros de gaseosas, ver la tele, recibir la visita de su hermana o conversar con su amigo barbudo y melenudo que de repente ¨cambia su vida¨ gracias a un libro de autoayuda. Costumbrismo extremo pero con ritmo sostenido, no me aburro durante un solo segundo y el film capta toda mi atención. En medio de la tragedia pinta un romance efímero y las luces que eran tenues se vuelven cada vez más tristes. Gran obra. Mi aplauso para todo su equipo. No recuerdo una sola película chilena, de la veintena que he visto en mi vida, que me haya decepcionado alguna vez.

Invitado también a la función de clausura, en el Gaumont (nuestro querido y mítico complejo de cine porteño, el de siempre, por favor que a ningún gobernante de turno se le ocurra hacer algún desastre ahí adentro), me siento a una butaca de distancia del director de la película. Se apagan las luces. Algunos entrañables talibanes de la indignación selectiva abuchean una propaganda bancada forzosamente por toda la ciudadanía, en la que aparece el masculino calvo que gobierna actualmente la metrópoli. Luego comienza un cortometraje titulado ¨Ángel y Perla¨, realizado por la dupla Merla & Anzarut, comedia argentina muy bien lograda, con timing millenial y  velocidad de entrega de pizzas a domicilio, sin dejar de lado los guiños a la ciudad más psicoanalizada del mundo, estamos hablando de Buenos Aires, claro, tiembla Woody Allen.

El largometraje español titulado ¨Soy una buena persona¨, que aquí debuta con su premiere mundial, pertenece a su director: Norberto Ramos del Val, referente del under hispano y exponente de los presupuestos low cost. Es el mismo que nos preguntará, al finalizar la función, cuantos de nosotros nos hemos o nos estamos psicoanalizando: lo dicho, más de las tres cuartas partes de la concurrencia levanta la mano. /  Puede parecer un Tarantino dando sus primeros pasos, al menos en lo que se refiere a los diálogos, con una historia que avanza atropelladamente  en el medio de algún rincón oscuro y bizarro de un aparente Lavapiés o de alguno de esos barrios con más aroma a cutre y orgullo que otra cosa. Hay que tener en cuenta que es un director con experiencia y cierta solidez, pero no dejo de extrañar al Gran Wyoming y a Torrente y a la excelsa Alaska. Hay ecos del primer Almodovar, guiños al cine clase B. El director intenta mostrarnos lo difícil que la tiene cualquier mortal en la capital española a la hora de conseguir un trabajo decente y bien remunerado y las artimañas a las que se puede recurrir para conseguir ¨un sueldo digno¨.  Así las cosas, no hay prurito ni falta de humor a la hora de interpelar a un combo progre y burgués un tanto inquisidor, otro tanto agonizante, ¿tal vez recalcitrante?, aquel que no pudo terminar de imponer sus directivas en la sociedad global y occidental. También arremete con algunos sectores conservadores que, bien visto, o pensado, pueden complementarse con aquel como dos caras de una misma moneda que siempre se proyectan y necesitan mutuamente. En el camino la ligan los capitalistas, los comunistas, los hombres, las mujeres, los trans, los negros (o gente ¨de color¨), la izquierda, la derecha, los tartamudos, la comunidad htlgbxyz (¿a quién le cuesta mencionarla de corrido?), el lenguaje exclusivo (o inclusivo), los drogadictos, los empresarios, los artistas, los narcisistas, los desempleados, los jóvenes, los viejos, los bobos,  los adictos a las redes sociales, en fin, la vida misma. Hay fragmentos hilarantes en una película jugada, simpática y simétrica en su incoherencia o asimétrica en sus intentos de lucidez que ameritan carcajadas, otros pasajes invitan a la mera sonrisa, algunos y algunas percibieron cierta indignación, no fueron pocos los que, ofendides y/o muy susceptibles, se levantaron de sus butacas, aunque tal vez tenían alguna urgencia en la vejiga.

Muy Buena peli. Vuelvo a agradecer la invitación. Ya estoy pensando en comerme una uña mientras espero impaciente el vigésimo quinto BAFICI del año que viene.

Texto y fotos (inéditos): Nicolás García Sáez 

Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos