martes, 15 de junio de 2021

Darte poética

Empuño versos como dedos, que se elevan y aterrizan al teclado, en letrada oscuridad. Envaso versos por docena y a veces alguno se rompe y se chorrea por debajo de la mesa. Envidio versos ovidianos, eliottianos, nerudianos (parrianos no, con ellos me voy de parranda y luego vuelvo a mi mesa, ya chorreada). Emplato versos convenientes, digeribles y aderezo ya una imagen desgastada, desgustada, degustada. Enluto versos dolientes, muy directos, muy desnudos. Versos pobrecitos, que no se rompen ni se envasan, que mantienen la ilusión de empollarse, deletreando oxígeno, bajo plumas inaudibles.

Versos locos que se creen pájaros, feúchas promesas que te ponen la piel de gallina y te crecen ingenuos, sobre carne de mujer. Y viven entre la caca, mientras tanto, y algún cacareo, esperando, esperando, para ser un día altazores de azotea, azorines azules o azulinos (como le oí decir a Borges) o versos nomás, versitos. Quién sabe...

Me dan pena, pero no me animo ni a dirigirles la retórica. Los dejo ahí, los abandono. Me sufren, nos sufrimos. Y así es la vida. O no. Así es aquel poema, mutilado (mutilado es una palabra fuerte, no es para tanto). Digamos mejor, promesa, aunque sea una promesa electoral. Digamos que el silencio nos elige.


Texto (inédito): Sandra Escames

Imagen (inédita): ngs

Desde Uruguay: Especial para Los Verdes Paralelos y Los Verdes Platónicos