sábado, 8 de agosto de 2020

Al Gran Barrio Argentino: Salud

                                                                                    


Escribir sobre tiempos de pandemia (o epidemia) es como escribir acerca de tantas amenazas, de tantos deterioros, de una hiperpotencia de la Naturaleza, como menciona Freud en su texto “Malestar en la cultura”, de esa amenaza que todos sentimos ante algo que no podemos manejar, que nos recuerda cuan mortales y frágiles somos. Detrás de esto que nos deja desnudos, además está el hombre y su lucha, consigo mismo y con los otros, con su anhelo de poder, con su goce desmesurado, con su impronta oportunista que un sistema promueve día a día y en donde no se salva nadie.

Pero también está el barrio, metafórico y real, con otros individuos que hoy son más cercanos, más vigentes y más visibles porque, lejos de alejarnos, esto nos acerca, en lo más humano y primordial, en la fragilidad que nos caracteriza, en la misma lucha. Solo venciendo intereses individuales y arreglos y abusos, solo registrando nuestra propia mortalidad como una oportunidad de cambio, haremos de este virus una puerta hacia otra forma de estar en el mundo. Nos sentimos vulnerables porque lo somos, siempre lo fuimos, eso no es una novedad, esto que sucede nos lo recuerda a cada momento.

¿Qué hay de los políticos y sus “recursos”, del sistema capitalista que lucra sin mesura a través de la fragilidad del hombre? ¿Qué hay de una biología atravesada por ideologías cambiantes y mercantilistas? Sin dudas hay un virus, que nos afecta el cuerpo, pero hay otro virus mucho peor: el que contagian quienes hacen de esto una oportunidad para lucrar, dañar, para beneficiar a ciertos sectores, para, en muchos casos, hacer pasar el covid-19 por otras enfermedades cuyo fin es sacar un rédito miserable, una oportunidad maliciosa para sumar números de casos y alarmar a una población que ya es pobre y vulnerable, que ya, impactada por los acontecimientos, pierde algunas defensas, gente conmocionada hasta el obedecimiento servil, que anula la subjetividad gracias a los medios masivos de ¨comunicación¨. Una sobrecarga de información, la mayor parte de las veces sin filtros, con un impacto que lleva a grados de paranoia que solo deprimen y aíslan afectivamente a las personas, quitándoles sus fuerzas, sus palabras, sus afectos. ¿Aparecerá en algún momento un medio de ¨comunicación¨ masiva que informe acerca de cómo fortalecerse en medio de este caos?

La distancia social no es la distancia afectiva. No permitamos que nos roben lo que nos hace fuertes, el estar con otros, junto a otros en una lucha compartida. No hay peor cosa que deprimir a las personas y, en consecuencia, su sistema inmunológico ¿Para quién es el negocio? ¿Cuantos impactos y cuantos acontecimientos traumáticos venimos viviendo como población? Hace ya mucho tiempo… Argentina y la marginalidad. Argentina y la pobreza. Argentina y la violencia de género, la explotación laboral, el abuso sexual infantil, la corrupción incorregible y voraz de los políticos, la corrupción del sistema en su totalidad ¿Cuánto shock?

Infantilizan y obnubilan esos reflectores que dejan a las personas en estados en los que no pueden pensar ni cuidar de sí mismas. Pero también está la gente que no se cuida y sale y se expone… porque nadie es claro, porque no se sabe si les interesa serlo. Pero tenemos un recurso: la palabra, la conexión entre las personas, el diálogo, el otro como prioritario, como significativo en su diferencia, como alguien a quien salvar, porque nadie se salva solo. Nadie.

Crear conciencia no es poner normas ridículas y confusas de cuidado, no es implementar una cuarentena flexible sin ningún registro de los riesgos. Crear conciencia es ayudar a que la gente piense por sí misma, registre la vulnerabilidad de la vida y los riesgos a los que puede estar expuesta ante algo que la Naturaleza manifiesta. Es ahí donde hay salida y cuidado, no en la alarma desmesurada, en el pánico, en el estrés por sobrecarga de información, en el estado de alerta causado por los medios, en la perdida de registro de la realidad y de perspectiva de lo que es prioritario e importante, de lo que no lo es. Las personas se paralizan ante el impacto, pierden sus recursos defensivos y siempre es ahí donde más cuidado hay que tener, porque hay muchos otros que saben cómo operar con eso a su favor. Es un trauma colectivo y llevar a la gente a un estado infantil solo asegura que haya líderes que afiancen su lugar. A alguien hay que seguir ante el desamparo y el desvalimiento. Cuando esto sucede, cuando no se genera conciencia en las personas, de que cuidarse es aprender a ver, a escuchar y a discernir, siempre habrá oportunistas, lucha de fuerzas en el sistema por sacar rédito de estos acontecimientos traumáticos.

 Pero es entre algunos, entre nosotros, con otros, donde estos discursos pueden cambiar y operar de una manera diferente, constructiva, haciendo visibles los caminos a seguir, los de un cuidado comunitario y preventivo que nos permita fortalecer tanto el cuerpo como la mente y/o el espíritu, el ser en su totalidad. Aunque esto no sea conveniente para un puñado de inhumanos, tengámoslo como objetivo prioritario en tiempo de epidemia, que el virus no sea mayor que el hombre.

                                                                                                    

Texto y fragmento de morfometría (grafito sobre papel):  Marina Pérez

www.marinaperez.com.ar

Especial para Los Verdes Paralelos y Los Verdes Platónicos