Frecuencias. En definitiva, eso es casi todo lo que somos, una vibración
determinada. Allí, en la malla invisible y sutil que rodea la Tierra, se
dirimen las características vibratorias que vamos a experimentar.
Las constelaciones, mitos instalados en nuestro inconsciente, durante
milenios, convertidos en arquetipos que dictan nuestras conductas. Nadie
escapa, excepto, tal vez, alguien que se dedique con ahínco a desentrañar el
arquetipo, desarmarlo, entenderlo. Atravesarlo para transmutar. Indagar dentro
de cada uno de esos modelos, para hacerlos propios, luego únicos. Integrarlos
de forma balanceada.
El equilibrio se encuentra yendo hacia su opuesto complementario, del
otro lado de la rueda zodiacal. Como la cuerda tensa de un violonchelo, justo
al medio se encuentra la octava superior: es el corazón de la rueda, el balance.
Los budistas hablan mucho sobre esto. ¿Será allí donde la experiencia humana
adquiere sentido? ¿Podríamos contemplar todo desde ese punto sublime? Cuando logramos pararnos en el centro, es cuando lo integramos.
Texto (inédito): Magdalena Erbiti
Foto (inédita): Ruth Moratilla Sanz
Especial para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes
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