* ARTE * MOVIES * MINDFULNESS * EN BREVE
LOS VERDES PLATÓNICOS
Somos un Colectivo Argentino de quehaceres culturales. Nos acompañan, también, numerosos invitados internacionales. Nos reunimos aquí y allá, en la presencia y en la virtualidad, con la intención de rendirle pleitesía a lo sublime y al Séptimo Arte.
viernes, 23 de enero de 2026
viernes, 2 de enero de 2026
En Bélgica
Saatchi, una de las galerías de arte contemporáneo más importantes del mundo, está difundiendo mis pinturas en Bélgica. Como ya viene sucediendo en Inglaterra, Australia, Austria y Arabia Saudita, ahora es el turno del bello y plácido país, en donde todo siempre parece funcionar de la mejor manera posible.
Recuerdo mi estadía breve de menos de un mes, boyando en modo mochilero entre Bruselas y Brujas. A la primera la han tildado varias veces de aburrida, yo diría que es ultra evolucionada, la segunda es pura magia, un cuentito de hadas que luego hice tapa, con doble página central, en el suplemento de viajes y turismo de un diario Página 12 que ya casi no existe y luego, también tapa y doble página central, en el suplemento de viajes y turismo del diario La Capital (Rosario), pionero y referente de Argentina.
© Nicolás García Sáez
https://www.nicolasgarciasaez.com/en-belgica/
jueves, 1 de enero de 2026
Lluvia
Lluvia es uno de los cinco episodios de la primera temporada de La balada infinita de Alberto Carlos Bustos, ópera prima de Nicolás García Sáez, creada a partir de los textos de Miguel Ángel Solá. .
Leidi Bustos, boceto protagonista o buena parte de la metáfora de este cortometraje, está siempre presente, como la figura femenina que encarna el amor ideal. Plagada de añoranza, quizás se trate de una quimera, la pureza y las ilusiones de la infancia. O tal vez sean las luces que se deslizan entre las sombras.
*Miguel
Ángel Solá
*Nicolás
García Sáez
*María
Paz German
*Florencia
Suárez Guerrini
La balada infinita de Alberto Carlos Bustos
www.nicolasgarciasaez.com
Siglo
Siglo es uno de los cinco episodios de la primera temporada de La balada infinita de Alberto Carlos Bustos, ópera prima de Nicolás García Sáez, creada a partir de los textos de Miguel Ángel Solá.
Todo en este cortometraje es una gran metáfora, un poema de espejos, proyecciones y paisajes de la voz del protagonista.
*Miguel
Ángel Solá
*Nicolás
García Sáez
*María
Paz German
*Florencia
Suárez Guerrini
La
balada infinita de Alberto Carlos Bustos
www.nicolasgarciasaez.com
miércoles, 31 de diciembre de 2025
25/26
Suenan las trompetas
afinando y desafinando los firmamentos de universos invisibles. La serpiente
del pasado se arrastra hasta ser una burbuja diminuta, explotando en la nada
misma, dejando su piel en los vaporosos caminos de la melancolía. Caballos
incipientes transitan la antesala de todo lo maravilloso que está por venir.
Los
Verdes Platónicos y Los
Verdes Paralelos, junto a la editorial
Sátira y Musa y la editorial
Oliverio, sin olvidarnos de Casi un
Nirvana, primo hermano y ascendente canal de You Tube, les desean un buen
final de año y un gran reseteo para este 2026.
martes, 9 de diciembre de 2025
Cuerpo
Este cuerpo que se mueve, a veces con ganas, otras con pereza / que reacciona al caminar despacio / recuerda trepar entre las ramas
Se contrae cuando el dolor arremete / tiembla ante el equilibrio negado / apurado por correr en la distancia / nada sabe del oxígeno en sus células
Este cuerpo que afloja cuando escucha esa voz / sabe leer miradas esquivas / va creando raíces anónimas / habitando en todos los nombres olvidados
Anida en la velocidad del tiempo / las letras que suenan, desafiando el cansancio / este cuerpo que es de nadie, puro despliegue / fibra del universo, un trazo en el aire.
Texto y fotos
(inéditos) Silvia Chaher
Diseño de
imagen: LVP
Especial para el
taller de edición
Especial para Los
Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
Centro
Frecuencias. En definitiva, eso es casi todo lo que somos, una vibración
determinada. Allí, en la malla invisible y sutil que rodea la Tierra, se
dirimen las características vibratorias que vamos a experimentar.
Las constelaciones, mitos instalados en nuestro inconsciente, durante milenios, convertidos en arquetipos que dictan nuestras conductas. Nadie escapa, excepto, tal vez, alguien que se dedique con ahínco a desentrañar el arquetipo, desarmarlo, entenderlo. Atravesarlo para transmutar. Indagar dentro de cada uno de esos modelos, para hacerlos propios, luego únicos. Integrarlos de forma balanceada.
El equilibrio se encuentra yendo hacia su opuesto complementario, del otro lado de la rueda zodiacal. Como la cuerda tensa de un violonchelo, justo al medio se encuentra la octava superior: es el corazón de la rueda, el balance. Los budistas hablan mucho sobre esto. ¿Será allí donde la experiencia humana adquiere sentido? ¿Podríamos contemplar todo desde ese punto sublime? Cuando logramos pararnos en el centro, es cuando lo integramos.
Texto (inédito): Magdalena Erbiti
Foto (inédita): Ruth Moratilla Sanz
Especial para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes
Paralelos
domingo, 2 de noviembre de 2025
Ionosfera (un boceto)
Hoy leo una noticia acerca de la mejora en la capa de ozono.
¡Qué bueno, qué alegría y qué alboroto...otro perrito piloto! Así decían en las tómbolas de España, cuando te ganabas ese peluche horroroso.
Es que nadie habla de
la ionósfera terrestre, matriz fundacional de este planeta querido que
habitamos y al cual tenemos overbooking, burnout.
Y es que hoy se me dio
por observar, iónicamente hablando, incorporar la lógica,
la coherencia, en el uso tecnológico que afecta
y afectamos con las comunicaciones.
¿Qué es la comunicación? ¡El Acto Iónico! Emérito público lector y reflexivo. Cuando llamas a alguien lejos, tu voz se transforma en una señal que "dialoga" con la ionósfera (esdrújula, a veces) o atraviesa el espacio hasta un satélite. La comunicación es, en esencia, un flujo organizado de datos codificados.
La Creación de Realidad Compartida: a nivel social, la comunicación es el proceso mediante el cual construimos sentido y significado de especie. Es una transferencia intencional de sentido y significado que, a menudo, depende de la delicada danza de iones y ondas que ocurre justo por encima de nuestras cabezas.
Tu reflexión es vital.
Poner el foco en la ionosfera nos obliga a ser más coherentes en cómo usamos
las tecnologías, que dependen de y afectan a esa matriz fundacional.
Va imagen de caracol
parabólico.
Texto y foto (inéditos): Ruth
Moratilla Sanz
Especial para el taller de escritura
espontánea y cronometrada (8 minutos) y para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y
Los Verdes Paralelos
Inconciencia abundante
La abundancia, ese ideal dorado de progreso y bienestar, encierra una oscura verdad: es la matriz de la negligencia en todas sus manifestaciones. No se trata de la escasez, que nos paraliza o reactiva, sino del exceso de estupidez, la saturación que adormece la voluntad y esteriliza la inventiva. Sociológicamente, hemos mutado la prosperidad en una gigantesca y utópica zona de confort planetaria, que funciona como un sedante colectivo.
La ilusión sombría de
querer tenerlo todo crea una burbuja corrupta de inmunidad, que anula la
empatía y la ecuanimidad. Pobres seres, miserables, carentes de verdad.
Innovar no es comprar
soluciones o, simplemente, ignorar los problemas. La abundancia de recursos
para unos pocos, se traduce en la negligencia estructural hacia las necesidades
básicas de la mayoría. Y no se trata de comunismo, sino de sentido común.
La abundancia de
opciones y comodidades —desde la sobreoferta hasta el binge-watching de
contenido digital— promueve la negligencia personal y cívica. El acceso
ilimitado a lo superfluo, desvía la energía de lo esencial. Se sustituye el
compromiso con la acción, por el consumo y la pasividad, de ahí al agujero
negro del abismo, hay un paso. Hay tanta "información", que se
desatiende el conocimiento; tanto "alimento", que se olvida la
nutrición; tanta "conectividad", que se pierde la conexión humana
genuina.
Quizás, donde la sombra de la abundancia es más palpable, es en la escala ecológica. La negligencia ambiental es hija directa del principio de la sobreproducción y el descarte. La abundancia de materiales, la facilidad para reemplazarlos (obsolescencia programada), y la ilusión de un planeta con recursos infinitos, han instaurado un modelo donde el despilfarro no es un error, sino el motor del “crecimiento” económico. Sin código, sin nobleza, la basura se convierte en el monumento a nuestra era de abundancia negligente.
La verdadera amenaza
para la sostenibilidad y el progreso no es la falta de recursos o inteligencia,
sino la saturación que genera la ceguera social, la pereza de la conciencia.
Hemos llegado a un punto de la curva social donde la abundancia ya no es una
meta, sino el obstáculo más formidable para la evolución responsable.
Iluminarse, haciendo la
parte.
Texto y foto
(inéditos): Ruth Moratilla Sanz
Especial para el taller de escritura espontánea y cronometrada (15 minutos) y para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
domingo, 26 de octubre de 2025
Hilaraña
Se cumplen los vaticinios de las cartas y todos los
manifiestos de luna nueva comienzan a materializarse en realidades muy
parecidas a lo imaginado. El entorno comienza a comportarse como un mago que
trae lo necesario para el regazo. Comienza a develarse un deseo, las certezas se
vuelven laxas, plásticas, maleables en lo sutil. Un aroma, un pájaro, un
número, son señales inequívocas del devenir de las cosas cotidianas,
confirmaciones de lo que se gesta en la profundidad abismal del inconsciente
propio y el colectivo.
En mi mente, muevo hilos invisibles, como araña que teje en
los rincones oscuros y frescos de las galerías, en verano. Con suave intención,
con el impulso lento de una tarea que se realiza sin conocer el resultado
acabado, confío en una parte de mí que sabe mejor que este yo que respira,
come, se interroga. Esa parte de mí se mueve sonriente, segura, teniendo
en cuenta todas las variables o, simplemente, haciendo caso omiso de ellas,
pues sabe que los obstáculos aparentes no son más que rampas, toboganes, hamacas
que elevan potencialmente a lo alto y proporcionan una visión aún más completa
de lo que necesita hacerse.
Allí, la araña es reina tramoyista, cuidando la escena para
todos los actores participantes, proporcionando sostén, capricho, amor,
experiencias necesarias para la evolución del conjunto.
Me pregunto qué realidades soñaré mañana, para reconocer
este plano finito e infinito, profundo, inabarcable. ¿Podré escapar de
las cárceles mentales que me piensan limitada? ¿Seré capaz de soñar para otros,
para todos? ¿Alcanza con lo que traigo para dar? Quiero creer que la respuesta
está en la propia pregunta. Retengo con todas mis fuerzas la convicción de que
es posible sintonizar con lo mejor de esta dimensión que habitamos, para
plasmar en la materia la más rica de las experiencias posibles.
Texto (inédito): Magdalena Erbiti
Imagen (inédita): LVP
Especial para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
Las visitas
Volviendo al domingo, ese domingo feriado de celebración. En realidad, quería escribir otra cosa, pero me fui por las ramas. Ese día se acercaron dos niñas, mientras acomodaba las flores en los dos floreros. Las veía jugar, correr y reír de un lado al otro y de vez en cuando paraban a leer o mirar las tumbas. Se acercaron a la fila de adelante y se quedaron mirando. Sentí que me querían decir algo y no se animaban. Esperé un ratito, las miré, las saludé y les pregunté: “¿me quieren decir algo?”. Me saludaron y me respondieron apuradas:“¿quién está ahí?”,señalando la tumba de mi hija.“¿Acá?”, le pregunté, señalando con mi dedo índice la tierra. “¿Quién está ahí?”, repitió la más grande, pero su dedo no apuntaba del todo hacia abajo, ni tampoco hacia arriba. Repetimos varias veces las mismas preguntas y respuestas con nuestros dedos índice señalando. No sabía bien qué o, más bien, cómo responder. Entonces recordé que a los niños les cuesta menos que a los adultos decir y recibir la verdad (eso lo aprendí de Nur y sus amigos). Finalmente respondí: “mi hija”. No se sorprendieron, casi como si lo hubiesen sabido y yo solo se los confirmara.
Me preguntaron su nombre: “Nur Maryam”, les dije. Me dijeron sus nombres, quisiera recordarlos. Me preguntaron la edad de Nur: “casi 6”, les dije. La mayor se apuró a responder: “¡yo tengo 6!” Y la menor dijo: “¡y yo tengo 4!”. Me preguntaron qué le pasó. Entonces les conté que tuvo una enfermedad. Se apuraron a responder, hablando las dos: “¡yo tuve fiebre!”,“¡y yo conjuntivitis!”, “¡una vez tuve gripe y mucha fiebre!”, “mi abuelito también se murió y hoy lo estamos visitando”. Hablaban rápido, con los ojos bien abiertos. No recuerdo bien qué les dije, pero de alguna manera intenté explicarles que lo que le pasó a Nur era distinto a todo eso, que era algo muy raro, que no suele pasar, que tampoco era contagioso, les dije que no se preocuparan. Entendieron, creo.
Mientras hablábamos, yo seguía con mi tarea de las flores. La mayor me
dijo: “no te preocupes, no estás sola”, y volvió a señalar con su dedito. “Ella
está ahí, al lado tuyo, viendo cómo cambias las flores”. Inmediatamente mis
ojos se llenaron de lágrimas. Las lágrimas de Nur no entran en los ojos, cuando
se activan, caen, desbordan, riegan. Las niñas siguieron corriendo y fueron con
su familia a la tumba de su abuelo. Yo lloré un rato más, sonriendo a la vez,
sintiéndola muy cerca, imaginando que quizás ellas la veían y yo no.
Cuando lloro así, mi exhalación se transforma en “u”…“huuuuu”…“Allah
Hu”. Recé y agradecí por la hermosa y maravillosa hija que Dios me dio. Sonreí, la imaginé corriendo y jugando como esas niñas, pero en el Paraíso. Inshallah. Un rato después,
las niñas volvieron y me hicieron las mismas preguntas. El recuerdo es confuso,
pero creo que repetimos casi el mismo diálogo, esta vez sin lágrimas. Luego
vino su familia, me saludaron, nos sonreímos, ellos se fueron, yo me quedé un
ratito más hasta terminar de llenar los floreros con flores nuevas.
Texto y fotos (inéditos): Julieta Brotsky
Especial para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
viernes, 24 de octubre de 2025
Aroma
¿Es que nadie sabe decirnos cómo llegar?
Con egoísmo, guardo en
mis retinas las fotos más nítidas, que revelan el sueño pausado, en estaciones
que aún no han concluido.
Entre los pliegues, la
luna nueva se descubre ciega. Los gritos iguales, en lenguas diferentes, fragmentan
mi oído para escuchar lo mismo.
Y al volver a él, medito un mantra. El perfume
a rosas blancas huele exquisito, me envuelve, me acompaña. Tendida al sol y con
la espalda ardiente, la dicha se expande, rozando los bordes. Una bruma hostil
sedimenta en mi calma, elogia el aroma que flota invisible, el perfume a rosas
blancas me persigue. Y en ellas, la ilusión, un aire abrazador, que rinde culto al desamparo.
Texto e imagen
(inéditos): Silvia Chaher
Especial para el taller
de edición
Especial para Los
Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
jueves, 23 de octubre de 2025
Brotar, sideral
Sideral ala ancha / rumbo y lluvia / la vienes jarreando
Adolecer timidez / brotar y a las vías / alameda y chopos
Haikus e imágenes (inéditas): Ruth Moratilla Sanz
Especial para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
Mariposas y ofrendas
“La tumba de Nur es la
más linda de todas”, dice Nica, amiga de Nur.
Nica cumplió 6 años hace poco. Nur
partió una semana antes de cumplir los 6, el 23 de enero de 2024. La verdad es
que el lugar de descanso de mi chiquita es muy hermoso. Su pequeño jardín, su
maqam. Nina, su mejor amiga, plantó una lavanda que crece como loca y yo la voy
podando. Cada viernes me llevo un hermoso ramo de lavandas, hojas y flores.
Nino, su mejor amigo, plantó dos romeros y las hijas de Mari, que no conocieron
a Nur, también quisieron venir y
plantaron dos suculentas, que fueron alimento para hormigas (¿o caracoles?).
Detrás de la lápida hay
dos arbustos: una lantana y una asclepia, ambas atraen mariposas. El día que
enterramos a Nur, estaba lleno de mariposas. También hay un pequeño rosal de 10
centímetros, que no crece mucho, pero se mantiene. Hay muchos caracoles que fui
dejando, algunas cerámicas que ella hizo, un copal que dejó Paloma, un pequeño
tasbih y una pulserita con su nombre, que hicimos juntas, jugando. El día de su
séptimo cumpleaños (el pasado 29 de enero de 2025), pusimos unos bellísimos
mosaicos, que mandamos a hacer en sus colores preferidos. Las flores combinan
con ellos.
También llevé una pequeña torta, cantamos muy
suavemente el feliz cumpleaños, pusimos dos de sus canciones preferidas:
Melancholy Hill y Get Lucky. Trabajamos un rato en los mosaicos al sol, que
pelaba, y comimos torta (le dejé un pedacito en la tierra). Cuando volví a casa
(de noche) mis dos gatos, Toti y Chikung , me habían dejado una ofrenda en
medio del living. La ofrenda, antes de
serlo, sabía volar. Fue la única vez que cazaron un ser con alas, en sus 10 y
11 años de vida.
Texto y foto (inéditos):
Julieta Brotsky
Especial para el taller
de edición
Especial para Los Verdes
Platónicos y Los Verdes Paralelos
miércoles, 22 de octubre de 2025
Viento
Aunque es de noche / y el viento / zarandeó su pasado
Si le pido / a lo ocurrido / llega antes del viento
Haikus e imágenes (inéditas): Ruth Moratilla Sanz
Especial para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
Grillo / Homenaje a Félix della Paolera
Lo evoco sentado, en la
casa de Ali y Betún, mis abuelos, en un sillón de cuero, fumando su pipa. Casi
siempre sonaba jazz de fondo y el ambiente estaba envuelto en una nube de humo
aromático, sus ojos casi transparentes, entrecerrados, levemente encorvado. Hablaba con voz profunda, las palabras salían a borbotones, pero su
ritmo era calmo. Siempre hacía repetir un verso, a nosotros, sus sobrinos nietos más
pequeños:
E
peluquero Martino/ que corta como un primor/ el pelo a lo Humberto Primo/ la
barba a lo Napoleón.
Cada vez que lo
veíamos, cuando venía su hijo Martin, nos juntábamos todos a comer asado,
regado con whisky, licor, vino y más pipa. Sufría de una extrema sensibilidad
auditiva, entonces pasaba siempre las fiestas en Valeria del Mar, donde tenía
su departamento, que fue proveeduría de esa localidad costera. A una cuadra de
la playa, con vistas al mar y al jardín perteneciente al edificio El
Horizontal, uno de los primeros edificios del lugar.
Había comprado el local
que era, casualmente, la librería El Grillo, que él fue convirtiendo de a poco
en proveeduría. Allí se podía conseguir de todo, desde el diario que venía de
Mar del Plata, hasta artículos de bazar, camping, pesca, kiosco, revistas y
alimentos. Mi abuelo Betún, gran amigo suyo, cortaba botellas de vino con hilos
empapados en alcohol; luego lijaba los bordes para convertirlos en vasos, que
pintaban con un sténcil, que decía “Recuerdo de Valeria del Mar”, y se vendían
bien, según mi madre.
Pasaba en la playa muchísimos meses, trabajando en alguna traducción, escribiendo. En sus caminatas larguísimas por la orilla, con su sombrero de paja de ala ancha, juntaba caracoles extraños, estrellas de mar, animalitos secos y otras curiosidades que traía la marea. Más tarde, enganchados en redes de pescador, los fue usando para decorar las paredes del local, devenido en departamento. Toda la vajilla de su casa fue rescatada cuando el viejo Hotel Ostende estuvo enterrado, durante años, abandonado bajo las pesadas arenas y medanales. En su biblioteca de Valeria predominaban las historias policiales.
Luego, cuando fue más
grande, los fuegos artificiales y petardos llegaron también a la costa, con el
crecimiento turístico exponencial de Valeria, Pinamar y Cariló; entonces pasaba
las Navidades con nosotros, en Adrogué. Era tanto lo que sufría los ruidos, que estaba toda la noche con algodones en los oídos y grandes auriculares para
atenuar la molestia. Casi no podía hablársele durante la cena de Nochebuena,
porque no oía. Cerca de las doce, entraba a la casa de mis abuelos, cerraba las
puertas y persianas que daban a la galería y ponía jazz a todo volumen, hasta
que pasaran los estruendos. Mi abuela Ali siempre contaba que, cuando le tocó
hacer el servicio militar, tuvo la mala suerte de que le tocara en artillería.
A mi abuela, que tenía el mismo sentido del humor que Grillo y una inteligencia
y agudeza mental muy parecidas, le resultaba de lo más gracioso. Ella también
me contó que le decían Grillo porque, ya de chico, no dormía, por quedarse
leyendo hasta bien entrada la madrugada.
Una vez lo invitó a su
amigo Borges, quien se quedó en la Hostería Din Don. Fue
exclusivamente para firmar libros en El Grillo. De esa ocasión recuerdo una
anécdota que Grillo siempre contaba: cuando le preguntaron qué tal había sido
su estadía en la Hostería Din Don,
Borges había contestado: “Bien, pero el agua caliente sale con escrúpulos”.
Durante muchísimos
años, Grillo llevó adelante un afamado taller literario que formó a muchos
escritores. Quienes asistieron a su taller, hablan de la generosidad y humildad
con que lo dictaba, de su humor, de su enorme bagaje cultural y aguda
inteligencia. Sólo publicó un libro, Develaciones, sobre la relación entre la
literatura de Borges y Adrogué, lugar donde se conocieron mientras esperaban el
tren. Allí iniciaron una entrañable amistad, que duró mientras Borges vivió:
solían salir a caminar por Buenos Aires y almorzaban juntos todos los sábados.
Esto no es algo que él contara jamás, es una parte de la historia de Grillo que
he leído o escuchado de otras personas, porque no era un hombre propenso a
hablar de sí mismo, lo caracterizaba un muy bajo perfil, a pesar de ser alguien
que nunca pasaba desapercibido. Supe, hace poco, que, en algún momento, desistió
de publicar nada,
Una de las últimas
veces que lo vi, yo estaba veraneando también en Valeria, en un departamento en
El Horizontal. Pasé a saludarlo y a preguntarle si necesitaba algo del
supermercado. Aceptó sin dudar, pues tenía espíritu ermitaño. Recuerdo que
estaba escuchando flamenco. Cuando volví con su compra, me ofreció una copita
de absenta. Le dije que nunca había probado, pero que sabía lo que era: la
famosa bebida a la que se aficionaron tantísimos artistas europeos a finales
del siglo XIX, que tiene supuestas propiedades alucinógenas. Me miró mientras
me explicaba que había que tomarlo de un trago, como el tequila, sus ojos
sonrientes vieron mi gesto de sorpresa: el trago, prácticamente se evaporó en mi paladar, tan alta es su graduación alcohólica.
Recuerdo un gusto cargado de anís. Luego hablamos un rato de música, del
trabajo que estaba haciendo (creo recordar que era una traducción al español de
una obra de Shakespeare), me despedí y seguí con mi día de playa.
En octubre se
cumplieron 14 años de su partida. Encontré la fecha casualmente, mientras
buscaba información sobre él. Elijo recordarlo en la terracita del balneario
Las Tejas, compartiendo unas rabas con clericó, conversando animadamente y
riendo a carcajadas con mis abuelos y tíos abuelos, cerca del Océano.
Texto (inédito):
Magdalena Erbiti
Imagen Félix della
Paolera: Gentileza Familia Ansaldo
Especial para el taller de edición
Especial para Los
Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
Ovario
La microfotografía
muestra un sector de un ovario, en el que se destaca un folículo ovárico secundario
o cavitado o antral; a su derecha se ubican varios pequeños folículos
primordiales, uno de los cuales aparece señalado como [5]. En la imagen se
pueden ver centenares de células de diferentes tipos, formas y tamaños; entre ellas
se destaca un ovocito [1] en el interior del folículo. Su gran tamaño y sus
características estructurales, lo asemejan a la idea que suele tenerse de cómo
es una célula, pero este aspecto de “huevo duro” no es lo habitual. Sus límites
celulares están
bien definidos por la presencia de una banda rosada, denominada zona pellucida,
que no es la membrana plasmática (con este tipo de microscopio no se pueden
visualizar las membranas) sino una acumulación proteica extracelular, que va a
permitir la fecundación por no más de un solo espermatozoide de la misma especie;
esto ocurre en los ovocitos (óvulos) de todos los animales. Por dentro de la
zona pellucida se ve el citoplasma pálido y artificialmente granulado del
ovocito, con el núcleo celular en el centro del mismo. Al ovocito lo envuelve
la corona radiata, que es una capa de cuatro o cinco células, llamadas de la granulosa, que seguirá protegiendo
al ovocito aún después de la ovulación. Los espermatozoides deberán separar
estas células para poder penetrar hasta la zona pellucida y fecundar a la
gameta femenina.
Nótese que las células
de la granulosa forman una especie de pedículo o pedestal denominado cúmulo
oóforo, que adhiere el conjunto a otra capa de células de la granulosa [3] que
rodean a una cavidad o antro folicular [2], el cual contiene un líquido que, en
el momento de la ovulación, será expulsado desde el ovario hasta la trompa
uterina; en él, estará suspendido el ovocito, rodeado por la corona radiata, ya
que en ese momento se desintegra el cúmulo oóforo.
Por fuera de la capa de
células granulosas que rodean al antro, existe una estructura llamada teca interna
[4], formada por células algo más grandes, de citoplasma pálido: las células
tecales. La acción conjunta de las células de la granulosa, junto con las
tecales, resulta fundamental para la fisiología femenina, ya que su
estimulación, por parte de las hormonas FSH y LH de la glándula hipófisis,
determina la producción de las hormonas esteroides femeninas: estrógeno y progesterona.
En la etapa preovulatoria, la principal secreción es de estrógenos. Previo a la
ovulación, el folículo secundario crece notablemente, pudiendo alcanzar un
tamaño de hasta dos centímetros. A este tipo de folículo antral maduro, se lo
suele denominar folículo de De Graaf. Luego de la ovulación, el folículo se
colapsa y tanto sus células granulosas como las de la teca se transforman y
forman el cuerpo lúteo o amarillo, encargado de secretar principalmente la hormona
progesterona, característica de la última etapa del ciclo menstrual y de los
primeros meses del embarazo.
Texto e imagen de microscopio (inéditos): Doctor
Roberto Ponzio
Especial para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes
Paralelos
miércoles, 15 de octubre de 2025
Domingo
Ayer fue un día
especial en el cementerio, muy distinto a otros. Eran alrededor de las 16:30, cerca del cierre, que es a las 17 hs,
y todavía estaba lleno de gente, quizás por el feriado, día de sol, parecía
verano, el primer calor oficial del año.
Se escuchaba una mezcla
de sonidos, al menos dos familias pusieron cumbia a un volumen
considerablemente alto. Hablaban casi a los gritos, como quien está en una
fiesta y ha bebido de más. En un momento sonaba una cumbia del feliz cumpleaños
y una de las familias cantaba a coro. No estábamos muy cerca, pero si en el
mismo sector, cinco o siete tumbas más adelante (sección 4, entrando por Jorge
Newbery). Las otras familias estaban más tranquilas, pero se respiraba un aire
distinto, de reunión, como de fiesta.
“Que kilombo, no?”, le
dije a mi hijita. Imaginé que se hubiera reído, o que lo hubiera dicho ella,
quizás. La imaginé corriendo entre las tumbas, con los niños de otras familias.
Si no se hubiera ido y visitáramos a otra persona. Desde que se murió mi hija
voy muy seguido a Chacarita. Al principio todos los días, después casi todos
los días. Al poco tiempo tuve que mudarme y ya no vivo cerca. Me mudé a
provincia, Villa Martelli. Tampoco es tan lejos, pero cuesta más ir. Sin
embargo voy todos los viernes que puedo. A veces también lunes o domigos, el
“dia de la familia”. Con mis viejos (que tampoco están más en este plano) y mi
hermano, el domingo al mediodía nos juntábamos para almorzar ravioles con tuco,
si o si, no se podía faltar.
Cuando voy los domingos
y veo las familias haciendo picnic en las plazas de los alrededores, pienso en
eso del “día familiar”. Nunca me imaginé que iba a ir tan seguido al
cementerio. Nos saludamos con los cuidadores y los guardias. Ya no me revisan
el bolso y me reciben con una sonrisa. Un par de veces les lloré para poder
entrar, porque había llegado tarde; me dejaron, pase señora, pase. El papá de
Nur va casi todos los días y cuando, por algún motivo, se ausenta de la ciudad,
me pide que vaya más seguido.
Una vez lo encontré a
su tío leyéndole uno de sus libros preferidos: “Alicia en el país de las
maravillas”, fue uno de los últimos que le leímos en su corta vida. También, en
esos últimos días, terminamos la saga de Pilar. “La historia sin fin” quedó sin
terminar, esa se la leía su papá. Pero vimos la peli juntas, eso si.
Me da paz ir ahí. Yo
soy la encargada de las flores, me nace eso. A Nur le encantaban las flores y
las plantas en general, les inventaba canciones, las acariciaba. También le
gustaba arrancarlas y hacer pociones.
Algunos días Emanuel me vende las flores en la esquina, siempre me regala un clavel o me hace algún descuento. Le pido que tengan muchos colores, sobre todo sus preferidos: rosa, fucsia, lila, violeta y amarillo también, como los colores de los mosaicos que le pusimos a su tumba. La chica que vende los días que no va Emanuel, ya sabe las que me gustan.
Texto y foto
(inéditos): Julieta Brotsky*
*Cantante de las bandas Entre Ríos, Giradioses, Ondas Martenot y Julieta y los Espíritus. Instructora de tai chi chuan y profesora de canto, trabaja también con el músico Lucas Marti, entre otros.
Especial para el taller
de edición
Especial para Los
Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
martes, 14 de octubre de 2025
Mundos
Hoy no estoy para ese mundo de papel / Hoy estoy
para uno distinto, del que creí, del que soñé / Este mundo, que equilibra la
vida / Que une, que coopera / Qué te voy a contar que no sepas, mi alma.
Como tú, no voy a mirar para atrás / Solo tiro las cartas al destino / Porque hay una siembra / Que no es de un día para el otro / Y tampoco se guarda en cajones.
Porque hay una cosecha / Cuando nadie nos ve / Lo cerca que estamos / De ese extraño lugar / Y lo que te rondaré, morena.
Texto y foto (inéditos): Ruth Moratilla Sanz
Especial para el taller de escritura cronometrada y espontánea (cinco minutos) y para el taller de edición
Especial para Los Verdes Platónicos y Los Verdes Paralelos
lunes, 13 de octubre de 2025
Santa Rosa y los pájaros (un recuerdo)
Se percibe la tormenta.
Los animales están
inquietos, intentan relajarse, las perras a la sombra. El gato Pandú maúlla
molesto al sol. Lean ese “molesto” como mejor lo sientan, porque puede resultar
así para mí, pero también puede estar maullando su propia molestia.
Trabajé un rato, a pesar del calor, el viento y el sol. Tuve que cavar una zanja angosta y poco profunda en la entrada del galpón lindero, a la izquierda del que utilizo para mis hábitos diarios. Si considero que, mirando hacia afuera, está el NO, la caída del terreno es muy pronunciada en dirección NE, colándose en pequeñas microbarrancas (sic) hacia mi galpón. La abertura del mismo, donde antes había una cortina metálica, tipo comercio de barrio suburbano, ahora está tapada por un nylon, clavado con maderas a las paredes y sostenido con ladrillos sobre el suelo, eliminando la posibilidad de una entrada. Para hacerlo, uso una abertura que comunica al galpón lindero, antes mencionado. Del otro lado del nylon, la tierra, que fue lavándose en sucesivas lluvias, se acumuló allí, formando un colchón de tierra y pasto que absorben bastante el caudal. Pero el agua entró, la última vez que llovió, por el galpón lindero y la puerta de la izquierda que da al SO (ver el plano). Por lo tanto, agregué una compuerta en el umbral de la puerta al SO, de ladrillos y un revoque de barro que tenía preparado hace rato, en un balde. Lo hicimos con los chicos, hace más de dos meses, antes de la nevisca de fines de mayo, así que, seguramente, pegue bien con los ladrillos.
Debí haber planificado mejor el trabajo, lo hice de un momento a otro. Pronostican que comenzará a llover esta madrugada y el revoque no se habrá secado para entonces. Agregué unos nylons que tapan la compuerta de ladrillo, ayudando a bloquear (con finísimo gusto) la entrada de agua.
Se siente el aire eléctrico-estático, el viento sacude árboles y nylons. Me acompañan todos los sonidos. El canto de los pájaros también. Andan atareados e inquietos, recogiendo semillas. Refuerzan el nido con palitos nuevos, algunos usan barro, igual que yo, con pajas, y así se alistan para la inminente tormenta.
Me puse a escribir porque me di cuenta de que medito más de lo que creo. Hace algunos años entendí que meditar no es más que estar presente en donde se esté; en lo que se esté haciendo, plenamente, dejándose sentir. Observando y observándose. Todo lo hecho hoy, cada tarea planificada, aún sobre la marcha y con poco tiempo, fue con ese espíritu casi contemplativo. Y cuando este estado ocurre, a veces tengo la clarísima, casi epifánica convicción, de que lo que en ese instante se decida, es porque así tiene que ser, como en la previa de la tormenta de Santa Rosa, preparando el rancho, como los pájaros.
Texto y planito (inéditos): Magdalena Erbiti
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