Un hijo encuentra, mediante un viaje onírico, a su madre.
En ese periplo intenso y emotivo los recuerdos acuden en tropel y, en magnífica
sinergia, comulgan con el público, siempre atento a ese devenir que va boyando
entre la nostalgia, el humor y la enseñanza. Cada paso que da el actor en el
escenario, es un momento histórico que agiganta al Coloso y a cada espectador/a
que tiene la fortuna de acudir a verlo.
Chancletas si, libros también, parece ser una premisa
excelsa en uno de los fragmentos más celebrados y, en medio de las risas, el
logro de un ser avispado entre torrentes de libertad, horadada en su mejor
provecho por los sabios consejos maternos, de ahí el corolario inevitable:
convertirse en un destacado dramaturgo. En el medio, claro, las estaciones de
la niñez, la adolescencia y el hombre que ya camina solo y elige dentro del mar
de elecciones que siempre le brindaron.
Numerosísimos espectadores, periodistas, entusiastas en
general, reportan que algo mágico sucede allí, varios y varias hacen hincapié
en lo inmensamente emotivo que es ese oleaje y en ese devenir un montón de
almas atentas.
Los están llamando de todos lados, en todas partes
quieren verlos. Él viene de vivir años muy apasionados en Madrid, allí estuvo
representando “Doble o nada”, incluso en el abismo que bordeaba el desastre del
Covid. Y luego las giras por toda España, viajes a Medio Oriente, Miami, la
escala en Uruguay con la obra “Mi querido presidente” y ahora si, volver a la
Argentina, jugársela, ganar.
Miguel Ángel Solá está protagonizando “Por el placer de
volver a verla”, invitado por su gran amigo y hermano Manuel González Gil. Han
estado en varios puntos del Interior, varias capitales y el Gran Buenos Aires. Pocas
veces se presentan estos diálogos que trascienden el concepto del teatro y
abordan territorios humanos y universales. La talentosa actriz Mercedes Funes
ofrece la calidez que solo una madre puede procurar.
Nicolás García Sáez
