Veremos, en el devenir de
esta película, la imagen de una persona cuyos pasos raudos avanzan una y otra
vez hacia ninguna parte. O tal vez sí. Quizás, aminorando su marcha, encuentre
un abrigo en medio del camino, o la ilusión de Ítaca, o entienda algo más sobre
el ciclo interminable de nacimiento, sufrimiento, deseo y reencarnación. El
Samsara (aquí representado por la nieve y su silencio, que también puede ser el
de la mente), rueda una y otra vez, en su dinámica y su añorada transición
hacia la ecuanimidad y el despertar